Toca reinventarse

Si miramos a nuestro entorno podemos ver que estamos como perdidos, invadidos de problemas y preocupaciones…

¿Dónde están las ilusiones que mueven nuestra vida? ¿Qué nos pasa?

Tal y como están las cosas no queda otra… toca reinventarse

Si el 20% del planeta tiene a su disposición el 80% de los recursos, y tras la Aspirina, el Prozac es el medicamento más vendido en el mundo… ¿Algo está pasando en el mundo «desarrollado», no creéis?

Y pongo entre comillas desarrollado porque creo que el desarrollo sólo es visible en la tecnología, la cual cada vez es más avanzada… Si bien al igual que evolucionamos a ritmo vertiginoso en este sentido, también nos estamos quedando anclados en la prehistoria como personas, como individuos, como ciudadanos… a nivel de conciencia…

Recuerdo hace unos años, escuchando a Cristina Almeida en Osuna, comentaba que «tenemos que reinventarnos», si bien ella se refería al hombre, como género masculino. Yo añado que todos tenemos que reinventarnos como género humano, hombres y mujeres…

Cristina decía que el hombre tiene que reinventar su relación con la mujer en varios sentidos, y lo resumía diciendo que una mujer no sólo es su esposa y la madre de sus hijos, es también una compañera de viaje…

Tiene razón. Esa dependencia emocional que tiene un hombre hacia la mujer es peligrosa y en algunos extremos enfermiza. En esa base radica la violencia de género machista… la incapacidad del hombre de tratar de igual a igual a la mujer… y en la incapacidad (por los motivos que sea) de no tratar a la mujer como una propiedad.

Pienso que andamos sumidos en una inercia bastante peligrosa, en la cual impera el corto plazo, el conseguir las cosas YA, el querer acumular cantidades de todo… olvidándonos de aspectos más importantes de la vida…

¿De qué te sirve tener una vivienda en propiedad si tienes que sacrificar de 25 a 40 años de tu vida viviendo al límite de tu bolsillo? Esto es sólo un ejemplo…

Por un lado estamos demasiado pendientes de lo que pasa fuera de nosotros, es decir, en nuestro entorno social: el qué dirán, ¿les caeré bien?, ¿valgo para esto?, ¿me quiere?, etc.

Y por otro nuestra conciencia es más individual, menos cívica y social.

Parece una contradicción, si bien no lo es.

El ego se alimenta de la aceptación de los demás, por ello buscamos fuera lo que somos incapaces de buscar dentro. Trabajamos nuestras relaciones personales, pero en el sentido equivocado.

Pienso que tenemos que reflexionar y tomar determinadas decisiones, porque tenemos que cambiar la inercia que llevamos desde hace tiempo…

Queremos acumular… solo pensamos en la cantidad y no en la calidad.

Hace unos años Máximo Pradera comentó que la crisis económica no era lo más preocupante en la sociedad de hoy en día.

Es la crisis de valores lo que realmente preocupa, esa crisis en las que la tolerancia, el respeto, el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo, la integridad, la nobleza, la solidaridad, la generosidad, la gratitud, la capacidad de pedir y otorgar el perdón, el compañerismo… en definitiva, aquellas cualidades o valores que hacen del ser humano un ser mágico y que le permiten preocuparse del prójimo, considerando al resto del mundo una parte de sí mismo, están siendo degradados y quedando en un segundo plano. Parece que la conciencia como grupo está perdida desde tiempos inmemoriables, siendo el egoísmo y el yo permanente, lo único que nos importa como ciudadano, como parte de esta sociedad. Por eso creo, que a pesar de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, PODEMOS REINVENTARNOS, pero sobre todo creo que DEBEMOS REINVENTARNOS, pues si seguimos así mal vamos… Creo, y espero no ser demasiado iluso, que las cosas están cambiando, despacio, pero la sociedad parece despertar, y ha sido precisamente cuando sus necesidades más fundamentales las están perdiendo. Una pena que sólo reaccionemos cuando la cosa va con nosotros y no con el vecino…

Termino con un texto del pastor luterano alemán Martin Niemöller, que resume perfectamente lo que siento en estos momentos. Seguro que muchos/as lo habéis leído o escuchado alguna vez:

Los nazis vinieron a por los judíos, como yo no era judío, no hice nada.

Después vinieron a por los homosexuales. Como yo no era homosexual no hice nada.

Después vinieron a por los gitanos. Como yo no era gitano no hice nada.

Después vinieron a por los comunistas. Como yo no era comunista no hice nada.

Después vinieron a por mi. Pero como sólo quedaba yo, ya no pude hacer nada«.

¿Toca o no reinventarse?

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