Lo profano y lo divino

El próximo 19 de Marzo, día de San José, se cumple 1 mes de la pérdida de mi abuelita Rosario.

Aunque su partida fuera en cierto modo esperada, pues contaba con casi 95 años (el próximo 22 de Abril los habría cumplido), se trató de un mazazo muy duro como os podréis imaginar.

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Celebrando mi 40 cumpleaños con mi abuelita Rosario

Si bien quisiera compartir con vosotros una carta que mi padre escribió a modo de queja relatando el comportamiento que tuvo el párroco durante el funeral de mi abuela. Este señor, si se le puede llamar así, es para colmo teólogo. ¡Dios guarde a los futuros seminaristas que pasen por sus manos!

He querido dejar pasar el tiempo para que se enfríen las cosas, y también para analizar lo ocurrido con perspectiva.

Cabe decir, por si fuera necesaria la aclaración, que la crítica que a continuación vais a leer no es en ningún modo a la Iglesia como institución eclesiástica (que de ese tema se podría hablar largo y tendido), y mucho menos de las personas que la conforman, es decir, sus creyentes.

Se trata de una crítica particular, dirigida hacia una persona en concreto, el párroco que ofició la misa funeral de mi abuela Rosario, y escrita desde la visión de una persona a la que admiro muchísimo: mi padre (el yerno de mi abuelita).

Lo profano y lo divino, en Sorihuela de Guadalimar.

Un escalofrío recorrió mi espalda por sus palabras y su actitud: completamente deshumanizadas, sin contenido de la lógica de un representante de la Iglesia.

Padre, ¿cuándo decidió ser sacerdote?

Perdone lo que le voy a decir: ese día se equivocó, se hizo daño usted mismo, pero -mal de males- está haciendo daño a su parroquia actual de SORIHUELA DE GUADALIMAR. Porque usted está ciego a la fe, no empatiza con el que sufre, no es generoso porque alimenta equivocadamente su ego, no es capaz de hacer amigos porque está de espaldas a sus parroquianos y finalmente, tampoco se dedica a servir a los demás porque se decanta por un reducido sector.

Yo soy médico y por tanto he ejercido (porque ya estoy jubilado) una carrera humanista como es la de sacerdote.

Voy a referirle los hechos que me han llevado a escribir esta nota. Que se refresque su memoria:

-El caso comenzó cuando el 19/2/2016 fue solicitado por la familia de una Señora para asistirla en la misa “post-mortem”. Pero usted era ilocalizable. Apareció al fin, al cabo de casi dos horas. En principio no aceptó la hora que se le propuso, luego le dijo a la familia de dolientes que no podía oficiar personalmente, pero que tendría que ser cinco horas más tarde por su sustituto. La familia recompuso su agenda y aceptó su nueva propuesta. Finalmente -supongo que no encontró sustituto o que satisfizo su descanso- apareció usted.

-La familia doliente tenía pensado leer unas palabras de despedida. Usted se negó porque dijo “que eran palabras profanas”. Se le pidió “enganchar” un pendrive al sistema de audio para que se pudiese oír una melodía a piano que uno de sus nietos le había compuesto a su abuela yacente. Usted se negó tajantemente aduciendo que “era música profana”.

-Cinco nietos mayores condujeron el féretro hacia el centro del templo. Usted, ordenó colocarlo de nuevo a la entrada, con malas maneras.

-Se pensó que como gesto de cariño, cada nieto y sus dos bisnietos depositarían una rosa blanca sobre el féretro. Usted se negó -de mala manera- porque tenía prisa. También, por tener prisa, se saltó el Ofertorio y no invitó a “Darse fraternalmente la Paz”.

No soy nadie para dar consejos a casi nadie (sólo a mis hijos y a quienes me lo piden), pero el día que decidió hacerse sacerdote se equivocó usted como ya le he dicho. Pero verá, le daré unos consejos, alguien tendría que dárselos y me tocó a mí, porque me hirió en el corazón y eso no se lo perdono.

Un atributo fundamental para ser buen sacerdote es la empatía, compartiendo el dolor de los que lloran por la pérdida de sus seres queridos. Usted no se puso en el lugar de la familia doliente, ni siquiera les dio el pésame.

La generosidad es otro atributo del buen sacerdote porque su ministerio no se trata de alimentar su ego, sino de cuidar las almas y reconfortarlas. Usted no tenía tiempo para hacer bien su trabajo.

Los buenos sacerdotes tienen capacidad para la amistad. Usted no tiene ni monaguillo.

Un último atributo de un buen sacerdote es el dedicado servicio a los demás. “Un profundo sentido de servicio a la iglesia y a toda la gente, junto con una fe profunda, es lo que encontramos en la base del sentido de esta vocación tan especial”. Usted no lo tiene, son muchísimas las críticas sobre su comportamiento anormal (por cierto, lea lo que se dice de usted en la red).

Como ya le he referido, yo soy médico. Nosotros los médicos, cuando no curamos, buscamos aliviar, consolar o acompañar. Pero sin importar lo que hagamos, nuestro trabajo solo es temporal. Ustedes los sacerdotes deben atender al alma. Y ESO ES ETERNO. USTED NO LO HACE, SOLO SE ATIENDE A SI MISMO.

¡Que Dios lo guarde en su soledad!

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Una Respuesta a Lo profano y lo divino

  1. Aurora dijo:

    Aunque pase el tiempo la actitud de este sacerdote nos parecerá reprobable. Actuó sin la más minima empatía hacia sus feligreses. Que Dios lo perdone

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